lunes, 15 de octubre de 2018

Rescatar el concepto de emprendimiento


El emprendimiento nos acompaña actualmente como nunca antes. Lo encontramos en documentos generados por organismos internacionales, en las estrategias nacionales de desarrollo de las naciones. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, también define como metas la formación para el emprendimiento y la promoción de políticas de apoyo al emprendimiento, en sus objetivos cuatro y ocho. Desde diversos medios se nos invita e incentiva a ser emprendedores en todos los ámbitos de nuestra vida.

La educación superior es exigida de mayor impacto en el desarrollo local, nacional e internacional. La inclusión del concepto, el espíritu y las prácticas emprendedoras en las instituciones de educación superior; produjo tal vez como ningún otro, un gran debate que incluye a los actores directos de la comunidad universitaria, como a representantes de la sociedad, la economía y la política.

La polémica acompaña la inclusión de este concepto en la gestión universitaria desde que Burton Clark publicara su conocida obra Creating Entrepreneurial Universities. Organizational Pathways of Transformation, en 1998. Es pertinente un abordaje del concepto de emprendimiento antes de emitir criterios sobre su introducción en la práctica universitaria. 

Un trabajo del cual sugerimos su lectura, por los elementos que aborda sobre el término y concepto de emprendimiento y emprendedor, de la autoría de Arantaxa Azqueta Díaz de Alba, “El concepto de emprendedor: origen, evolución e introducción”. Azqueta (2017), sitúa el origen etimológico de los términos emprendedor, empresa y el verbo emprender, en los términos del idioma francés entrepreneur, entreprise y entreprendre y que a su vez, estos proceden de la raíz del latín vulgar in, en y prendĕre; que significan coger, atrapar y tomar.  La autora, citando a Coromines, considera que “El primer uso del verbo emprender documentado en castellano corresponde a escritos aragoneses de los años 1030 y 1095 con el sentido de “tomó”  (p.23). Cita la autora dos pasajes de Gonzalo de Berceo en el siglo XIII, quien los utiliza como “engendrar” y “tomar”. (p.23)

Se incluye el término por primera vez en un diccionario en el Dictionnaire universel, contenant généralement tous les mots François, tant vieux que modernes & les termes des sciences et des arts de Antoine de Furetière; con varias acepciones arquitecto, contratista que abastece al ejército de alimentos y municiones y “empresario” marítimo o de otros mercados que trabaja con un precio establecido (p.23) Azqueta también siguiendo a la Real Academia Española (RAE), expone que “En castellano se incluye por primera vez en 1732 en el Diccionario de Autoridades con el significado de aventurero: “la persona que emprende y se determina a hacer y executar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua” (p.25)

Actualmente el diccionario de la RAE, en una de sus acepciones del término emprender lo considera como “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Emprendedor o emprendedora 
como “Que emprende con resolución acciones o empresas innovadoras”

Diversas condiciones históricas han limitado el concepto de emprendedor al campo de la economía. Esta es la raíz de las críticas a su utilización en el ámbito educativo, por lo que volver a los orígenes del término es esencial para su valoración en diferentes ámbitos sociales.
“El emprendimiento es una forma de pensar, razonar y actuar que busca dar respuesta a las necesidades, destaca oportunidades, calcula el riesgo, se adapta al cambio y a la multidisciplinariedad, se hace cargo de las situaciones con visión global. Sin embargo, no se puede olvidar que la dimensión personal dilata la perspectiva conceptual. De esta manera, el emprendedor es un humanizador del entorno, un innovador, un facilitador de cambios. La consecuencia es la creación de valor que beneficia a la persona, empresa, a la economía y a la sociedad” (Azqueta, 2017, p.33)

Son muchas las críticas y temores sobre la universidad emprendedora. Quizás la más repetida y argumentada por sus críticos es la posible erosión e incluso destrucción de la naturaleza de la universidad como institución formadora, comprometida con la cultura no solo académica, sino toda la cultura acumulada por el ser humano; y donde la educación no se concibe como una mercancía ni la universidad debe concebirse como una empresa. Los docentes no son comerciantes, ni los estudiantes son clientes. Y los procesos y resultados universitarios no deben adecuarse a las necesidades de las empresas.

Criterios válidos que nacen de una legítima preocupación por el futuro de las universidades y también de la sociedad. Pero que se sustentan en el estrecho marco de la concepción del emprendimiento empresarial, con finalidad únicamente económica. Invitamos a pensar en el emprendimiento universitario (la universidad emprendedora), como un factor de transformación, como una propuesta positiva para el mejoramiento de los procesos formativos en las universidades y de las propuestas de estas instituciones que contribuyan a la solución de los problemas de su entorno.

Bibliografía
1.    Azqueta Díaz de Alda, A. (2017). En Simposio Internacional El Desafío de Emprender en la Escuela del Siglo XXI (21-39), Sevilla, España: Universidad de Sevilla.


Para Reflexionar

En estos días intento avanzar con un artículo científico sobre la necesidad e importancia de desarrollar el enfoque de universidad empren...

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